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X

Hoy es uno de esos días grises, muy grises. De hecho, afuera llueve (y adentro un poco también).
Estoy esperando que pase algo, no sé bien qué pero lo espero pacientemente. Deseo que suceda algo que cambie cómo me siento, cómo pienso.
Las pastillas hacen bien, distorsionan un poco la realidad, la oprimen. Me hacen sentir casi naturalmente que puedo descansar, apagar por un rato la cabeza. Algunos días pienso en tomar algunas más, quizá eso me haga dormir incluso más. Quizá duerma todo el día y pueda alejarme de todos esos pensamientos oscuros que me agobian.
A veces pienso si siempre va a ser así. Si voy a tener que convivir conmigo misma por siempre, si algún día me va a dejar de pesar mi propia consciencia. La gente me mira un montón, casi siempre. Peor no me ven realmente, sólo les llama la atención mi cara ojerosa y quizá los piercings o los tatuajes.
Recién un hombre entró al bar donde estoy sentada. Se peleó con el guardia de seguridad y gritó mucho. Cómo quisiera gritar, fuerte…

IX

Hace una semana y media me siento triste pero realmente muy triste, desde el ataque de pánico del sábado 27, todo empeoró. El jueves de la semana pasada tuve otro y sólo puedo asegurarles que la angustia me está comiendo, se está esparciendo por mis venas y llegando a cada parte de mí.
El sábado fui a la psicóloga y le expliqué que no puedo más. Le dije que la angustia es tanta que no me deja respirar, que siento todo el tiempo que voy a estallar, que voy a cagarla. Siento el impulso de hacer cualquiera, las ganas de que todo se termine, la necesidad de no estar más acá: no tengo más ganas de pelearla. Le pregunté si había algo que estuviese mal en mí y le pedí por primera vez en cuatro años que me diga qué es lo que ella ve en mí, que me de un diagnóstico: me explicó que tengo un trastorno en la personalidad, se llama borderline. No quiero profundizar en lo que es, en su sintomatología, supongo que al que le interese averiguará.
Me derivó y volví a ver a Roberto, mi psiquiatra. Me dio…

VIII

Si un dolor de panza por una patada al hígado te inutiliza para ir a trabajar, cualquier trastorno psicológico también. Me encantan todos ustedes, pidiéndome que no esté triste, diciéndome que "todo está en mi mente", que si quiero estar bien, puedo estarlo. No entienden que ninguna persona quiere estar así, que nadie quiere tener que luchar todos los días contra su propia cabeza. No es fácil, ni para un depresivo, ni para un ansioso, ni para alguien con ataques de pánico, ni para los que sienten despersonificación. No es fácil, simplemente entiéndanlo. Intentamos, todos los días, que sea un día normal, luchando contra cada una de esas cosas, sonriéndole a la vida y a todos los que nos cruzamos, pero no es fácil.
Hay días donde es más fácil. Otros días donde el insomnio te acompaña hasta las cinco, seis de la mañana y levantarse para ir a trabajar es un calvario, cuando suena la alarma y te duele la cabeza y te sentís abombado y pensas en por qué no dormiste temprano pero al…

VII

Me prometí a mi misma no colgar este medio. Me sirve para descargarme, para poner en palabras las cosas que no entiendo que me pasan, para ordenar las que sí entiendo y me aquejan. Y pareciera que la vida se encarga de darme de qué escribir. No sé si será una casualidad o una causalidad, pero estas últimas semanas han desatado en mi cabeza muchísimos demonios.
Y hoy, les quiero contar de Charles.

Tenía que ponerle un nombre, es decir, convive conmigo hace tiempo ya. Aunque a veces pareciera que se va de viaje y otras veces simplemente se hace notar más. No se qué es Charles, pero ayer, por primera vez en años, pude dibujarlo, personificarlo.
¿Alguna vez tuvieron un ataque de pánico? Charles es la personificación de mi ataque, de mi angustia, de mi miedo, de mi ansiedad. Él está atrás mío, todo el tiempo, como un humo negro, como una sombra. A veces la luz lo traspasa y no lo siento, a veces ni recuerdo que existe. Otras veces se pone oscuro, muy oscuro. Y se pega a mi espalda, y me cr…

VI

El otro día me di cuenta que las personas buenas siempre están en situaciones de mierda. Bah, ya lo sabía en realidad, pero es como que lo confirmé, una vez más. ¿Alguna vez miraste a alguien a los ojos y sentiste su dolor? Y quisiste arrancárselo de las tripas, sacarlo para siempre de su vida. Cuando me contabas todo lo que habías pasado, pensé "ojalá puedas ser feliz". Ayer pensaba que ojalá que yo también pueda serlo. Ojalá algún día podamos, ser felices, juntos, quizá.

V

Esta semana pasaron un centenar de cosas que me descolocaron en muchos niveles. Podría hablar de cada una de estas cuestiones pero la verdad es que hoy sucedió la, a mi criterio, más trascendente.

Hoy, estaba almorzando con mi mamá y mi hermana y estábamos hablando de mi abuela. Ella tiene noventa años y una historia de vida muy fuerte pero que a mi vieja siempre le pareció rara, siente que en muchos aspectos de su vida le ha mentido y no es clara. En el medio de esta charla, mi vieja nos cuenta que mi abuela tuvo tres abortos. Me quedé helada. Mi mente empezó a intentar procesar la información sobre cómo habían sido esos abortos y me quedé pensativa, dudé. Sentí que tenía atravesado algo en la garganta, que era el momento, que no podía ocultarlo más.
"Mamá, yo el año pasado estuve embarazada... y aborté" dije. Y bajé la cabeza como si tuviese algo de qué avergonzarme. Mi vieja se levantó de la silla, se paró adelante mío y mirándome a los ojos me dijo que ella también, que …

IV

Ya lloré, ya me hice bolita en la cama, ya tuve insomnio y me corté los brazos.
Ya pensé en escribirte, ya me arrepentí y miré tus fotos más de diez veces.
Ya intenté echarme la culpa y también te la eché a vos, aunque no me escuchaste.
Ya me hice cargo de todo lo que me correspondía y me angustié pensando en lo que soy.

Y la verdad es que ya no se qué hacer con toda esta angustia y por eso escribo.
Porque por un tiempo pensé que podía ser feliz y me sentí indestructible.
Porque en un momento sentí que sí valía la pena, que alguien podía amarme.
Pero todo eso se derrumbó y ahora estoy juntando mis pedazos de entre los escombros.

Me duele la cabeza, los ojos de tanto llorar y también el corazón.
Y sólo quiero callar todos los ecos que me repiten cada una de las frases que dijiste.
O al menos quisiera dejar de pensar que todo lo que vivimos fue una mentira.
Sólo quisiera que nada de todo esto fuera real.