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Hoy es uno de esos días grises, muy grises. De hecho, afuera llueve (y adentro un poco también).
Estoy esperando que pase algo, no sé bien qué pero lo espero pacientemente. Deseo que suceda algo que cambie cómo me siento, cómo pienso.
Las pastillas hacen bien, distorsionan un poco la realidad, la oprimen. Me hacen sentir casi naturalmente que puedo descansar, apagar por un rato la cabeza. Algunos días pienso en tomar algunas más, quizá eso me haga dormir incluso más. Quizá duerma todo el día y pueda alejarme de todos esos pensamientos oscuros que me agobian.
A veces pienso si siempre va a ser así. Si voy a tener que convivir conmigo misma por siempre, si algún día me va a dejar de pesar mi propia consciencia. La gente me mira un montón, casi siempre. Peor no me ven realmente, sólo les llama la atención mi cara ojerosa y quizá los piercings o los tatuajes.
Recién un hombre entró al bar donde estoy sentada. Se peleó con el guardia de seguridad y gritó mucho. Cómo quisiera gritar, fuerte, en la cara de alguien. Sin embargo, creo que nadie me escucharía. Es inútil, no me ven. Nadie me ve.

Una vez, cuando era chica y mi abuelo había fallecido, planee mi suicidio. Me acuerdo que pasé noches enteras llorando, quizá así sentía que me despedía de todos, a pesar de que les había hecho cartas. En ellas, explicaba mis razones y pedía perdón, aunque también culpaba un poco a todos po la decisión. Claro que eran todas mentiras, sólo necesitaba sentirme menos culpable por la decisión que estaba tomando. Nunca entendí por qué los suicidas somos malos, por qué pasaría toda mi vida sufriendo porque no podés lidiar con el hecho de que soy infeliz. Porque sí, a veces tenemos todo y sin embargo, nos sentimos así: vacíos, como si la angustia nos agobiara siempre. Y mirás a tu mamá y a tu papá y decís "no puedo hacerles esto" pero tampoco vas a pasar el resto de tu vida sufriendo para conformarlos a ellos. Al fin y al cabo, tampoco es tu culpa, no es que no lo intentás, todos los días son una lucha.

Me encantaría que la gente entienda eso: LO ESTOY INTENTANDO, estoy peleando para estar mejor, todos los días son un desafío. Y estoy harta de que me hagan ese speech berreta de que la vida es hermosa y que todo va a estar bien, porque no es así. A veces no va a estar bien. Y no es porque seas un pesimista, es que la vida no es hermosa. El amor es doloroso, la gente miente. Con el tiempo te das cuenta que tus viejos no son esos superhéroes que te hicieron creer, aunque lo intenten mucho y hayan logrado darte todo: son personas que sufrieron mucho y al día de hoy siguen sufriendo. Todos los proyectos que tenías de chico se esfuman o se ven muy lejanos. Todo es demasiado difícil: el trabajo es tedioso, la facultad es un camino a la frustración constante. Pocos son los verdaderos amigos y la gente es demasiado dura. Te juzgan un montón, hablan de vos sin conocerte. Por eso odio odo su optimismo barato, su conformismo. Y esos motivos tontos para justificar que la gente "tiene que ser feliz". Yo no tengo que nada. Yo no tengo que conformarte. Algunos lo hacen parecer demasiado fácil.
La vida no es linda. Y esta no es mi carta de despedida, aunque podría serlo. Ya no quiero culpar a nadie por esto, ahora me quiero hacer responsable. Responsable de mi trastorno y de que odio estar acá. Pero no puedo irme, todavía no. Me falta vivir algo más, aún hay más dolor que conocer.

(Esto lo escribí el 10/11, sentada en algún bar de Flores)

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